Conociendo Barcelona por cuatro perras

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Son “tiempos low-cost” y para nuestro viaje a la Ciudad Condal, queríamos encontrar una opción acorde con nuestro reducido presupuesto. Indagando por Internet, dimos, en la página de Renfe, con un tren mucho más económico que el AVE: el denominado Regional Exprés, cuyo único “lujo” a bordo son las máquinas de “vending” con refrescos y aperitivos. Tarda 9 horas desde Madrid a Barcelona, algo que encaja perfectamente con nuestra filosofía vacacional, ya que no somos turistas sino viajeros. Por poco más de 33 euros, tenemos por delante 9 horas para leer, escuchar música y, sobre todo, ver desde la ventana cómo va cambiando el paisaje de este gran país nuestro: industrial en el Corredor del Henares, agrícola en Guadalajara, Soria y Aragón, para luego encontrarnos con el grandioso Ebro, nuestro río “nacional”, al que acompañamos durante gran parte del recorrido y, desde Tarragona hasta el final, deleitarnos observando la costa catalana con sus playas, campings y puertos, hasta la entrada a Barcelona donde, de nuevo, impera el paisaje industrial.

LLEGADA A BARCELONA.

De las tres estaciones barcelonesas en las que podemos apearnos, elegimos la última, la grandiosa Estación de Francia,cuyas bóvedas metálicas nos reciben majestuosamente. Por un momento, nos imaginamos cómo debía de ser este escenario en tiempos de las locomotoras de vapor: máquinas lanzando humo, trasiego de viajeros, carretillas de equipajes… Sin embargo, el aspecto actual del recinto es de total abandono, sin apenas movimiento de personas. En cualquier otro país, este edificio estaría considerado como monumento nacional. Primera decepción del viaje, aunque no hubo muchas más, la verdad.

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VISITANDO LA CIUDAD

No es nuestra primera visita a Barna; aunque sí es la primera vez que vamos con la intención de “pateárnosla” a fondo. Y así ha sido: Barrio Gótico, Ramblas, Gracia, Barceloneta, Montjuic, Tibidabo… ¡Lo hemos visto todo en 5 días! La impresión en general ha sido muy positiva. Por Barcelona da gusto caminar: es plana (con excepciones, claro) y con aceras muy amplias. Las reformas realizadas cara a las Olimpíadas del 92 y las posteriores intervenciones urbanísticas han conformado una ciudad donde conviven armoniosamente coches, motos, bicicletas y peatones. Al menos visto desde fuera, parece que en Barcelona da gusto vivir.

Si hay algo que nos ha enamorado de la ciudad es su arquitectura. Y no hablamos de Gaudí o de otros famosos arquitectos, sino del habitual paisaje urbano en barrios residenciales de clase media o media-alta (equivalentes a los madrileños distritos de Chamberí o Salamanca). fachada_casa_barcelonaEncontramos casas de vecinos con fachadas que son auténticas joyas de la época modernista, comercios con caprichosas formas art-noveau y un sinfín de detalles que otorgan a la ciudad una personalidad diferente a lo habitual en otros puntos de nuestro país.

La recuperación de las playas fue otro de los grandes logros de estas dos últimas décadas. Ahora, el barcelonés puede disfrutar del Meditérraneo en condiciones excepcionales. Tenemos, por tanto, una gran ciudad de intensfarmacia_barcelonaísima vida cultural, repleta de monumentos y con el atractivo añadido del mar; es decir, un combinado perfecto para convertirse en destino turístico de primerorden. Y así es, comparándola con nuestras visitas anteriores, realizadas en los años 80 y 90, Barcelona es hoy una ciudad enfocada más que nunca al turismo. Eso es lo que se percibe “a nivel de calle”: italianos, estadounidenses, ingleses, franceses, japoneses… Turistas, turistas, turistas… por todas partes.

NO TE PUEDES PERDER

No vamos a enumerar uno por uno todos los monumentos y sitios de interés que hemos visto y disfrutado en esta “visita a conciencia” de Barcelona. Mencionaremos sólo algunos que realmente nos enamoraron, como la eternamente inacabada Sagrada Familia.Realmente nos fascina la mezcla de estilos, tipos de piedra y ornamentos varios que salpican el exterior de este grandioso templo, reclamo por excelencia de la Ciudad Condal. Segunda decepción del viaje: habiéndose gastado tanto en Barcelona en los últimos 25 años, ¿no se podría haber dado un empujón definitivo a esta obra, tal y como se hizo (salvando las distancias, claro) con La Almudena en Madrid?

Otro punto que nos enamoró fue la Plaza de San Felipe Neri. Recóndita, pequeña, con un encanto especial, es como un salto en el tiempo. Sobre todo, cuando salen al recreo los escolares del colegio adyacente. Parece una escena de los años 50. Si tenéis familiares o amigos en Barcelona, preguntadles por esta plaza. Curiosamente, la inmensa mayoría de barceloneses no la conocen.

También nos impactó la zona del Palau Sant Jordi, con la torresagrada_familia_barcelona de Telefónica, en Montjuic. Un impresionante espacio abierto, ideal para filmar una película de ciencia-ficción o de ambientación futurista. Si, por el contario, lo que queremos es volver al pasado, Barcelona nos ofrece su Tramvia Blau, antiguo tranvía eléctrico que sube hasta el Tibidabo por empinadas pendientes y entre imponentes casas señoriales de la antigua burguesía catalana, muchas de ellas reconvertidas hoy en despachos de afamados abogados y consultas de prestigiosos doctores. A velocidad de tortuga y con los listones de madera de los asientos clavándosenos en espalda y posaderas, podemos comprobar cómo era el transporte público en la época de nuestros abuelos y bisabuelos, y lo que hemos ganado las generaciones actuales en ese sentido (y en muchos otros más, claro).

Como decíamos, ya conocemos Barcelona a conciencia. Esperamos haber motivado al lector como para realizar un viaje similar. Ya nos gustaba Barcelona, ahora estamos locamente enamorados de ella. Aunque hay algo que no la perdonamos (y ahora viene la tercera y última decepción del viaje): en los bares de Barcelona, ¡¡¡no ponen tapa!!! Y eso, viniendo de Madrid, provoca mucho, pero que mucho sufrimiento e indignación.

¡Adeu!

Javier Martin

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