Lago Inle, donde el tiempo se detuvo

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Desde el primer instante en el que nos encontramos en la zona del Lago Inle, se puede sentir la sensación de estar viviendo algo mágico. Situado al Este de Birmania y rodeado de las verdes montañas del Estado Shan, nos adentramos sobre sus dulces aguas a través de uno de los canales que nos llevan a él.

Llegada al Lago Inle

Para llegar al Lago Inle, resulta aconsejable coger una de las estrechas  canoas motorizadas disponibles en el embarcadero de Nyaungshwe, cuidad turística que sirve como punto de lago-inle_myanmar_birmania_barcaspartida.A medida que viajamos por los distintos canales, vamos observando  casas, montañas a izquierda y derecha, y por supuesto la gente que lo habita. Realizamos una bonita transición del presente birmano hacia su pasado.

Cuando finalmente llegas al lago Inle, solo el reloj es capaz de convencernos que el tiempo no se ha detenido en esta maravillosa zona. Observamos a los inthas o “hijos del lago”, los cuales conviven con el entorno de una manera asombrosa. El mayor ejemplo de lo anterior son los pescadores del Lago Inle  y su particular forma de remar. De pie sobre uno de pescadores_lago-inle_unlugarporver_blog-viajeslos extremos de la canoa, con uno de sus pies apoyado en la canoa y el otro enrollado en el remo se impulsan de manera inverosímil con este último, dejando sus manos libres para manejar las redes con la que pescan. La estampa de los pescadores es una de las más famosas del lugar, pues aúna autenticidad y belleza por igual.

Una forma de vida diferente

En un mundo de vertiginosos  avances tecnológicos, resulta fascinante descubrir el ingenioso modo de cultivo de los habitantes de la zona. Aprovechando la escasa profundidad del lago Inle, de entre 2 y  5 metros (en función de la estación en la que estemos), han sido capaces de crear cultivos y jardines flotantes. Increíble. No cultivan en las orillas del rio, pues recolectan algas del propio lago, sobre las algas ponen tierra, y sucesivamente van creando capas, alternas de algas y tierra, sobre la que cultivan hortalizas, frutas y plantas. Tal es la fertilidad de sus cultivos acuáticos, que la mayoría de los tomates que se consumen en Birmania, proceden del lago Inle. Estos cultivos los identificaremos fácilmente, debido a que utilizan estacas de bambú para anclarlos al  fondo y que la corriente no los desplace.

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A medida que nos movemos por los alrededores del lago Inle, descubrimos la apasionante forma de vida de sus habitantes. Recorriendo canales laberinticos, observamos perplejos casas construidas sobre el agua y comunicadas por puentes. Podemos pensar que, dadas las condiciones sobre las que se asientan las construcciones, las condiciones de vida son limitadas e infrahumanas pero a medida que vaaldea_lago-inle_myanmarmos conociéndolo, vamos entendiendo que se trata de un lugar simplemente particular, diferente, con vida propia. Restaurantes cuidados, fábricas de tela, mercados de frutas y hortalizas, y hoteles espectaculares, te recuerdan la belleza de lo natural, la elegancia de lo simple. El cuidado de sus establecimientos (los hoteles por ejemplo), donde se respeta tanto al entorno como a las personas que lo habitan, crea una  harmonía única.

No podemos olPhaung-Daw-Oo-Pagoda_lago-inle_myanmarvidar la PhaungDawOo Pagoda, una de las tres principales de Myanmar (Birmania). En su interior se encuentran 5 pequeñas imágenes doradas de Buda, pero debido a la aplicación de pan de oro sobre ellas, solo se aprecian 5 objetos con forma de patata. Anualmente y con motivo de las festividades del Lago Inle,  4 de las 5 imágenes se colocan sobre una réplica de la barcaza real, la cual es remolcada de pueblo a pueblo a modo de procesión.budas_Phaung-Daw-Oo-Pagoda_lago-inle

Una de las tardes, retornando hacia nuestro hotel, nos cayó un chaparrón de aúpa. Las canoas disponen de capotas desmontables para la ocasión, paraguas. Fuimos en verano, época de lluvia en Myanmar (Birmania), y pese a que el entorno es más verde y el calor algo más liviano, resulta imprescindible proveerse de chubasquero, porque os aseguramos que cuando cae, cae de verdad. Aquello parecía el diluvio universal, y mientras tu chubasquero te resguarda la cabeza, el paraguas se convierte en un verdadero escudo contra el agua lateral. Sin embargo durante el día, el sol es de justicia, por lo que no olvidéis un buen sombrero y crema solar.

 

Aquella tarde la recordamos con cariño, pues una vez que pasamos esta pequeña aventura, calados hasta los huesos, al llegar al hotel nos secamos para disponernos a ver el atardecer sobre el lago Inle. Seguramente existan muchos atardeceres bonitos, pero lo que está claro es que el atardecer sobre el lago Inle es único.

 

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